jueves, 25 de septiembre de 2008

Ponerse Exquisita

Habiendo sorteado, bastante por demás diría, aquellos absurdos mitos referidos a los estados civiles y las solterías, he estado pensando respecto a otro mito… o no. El tópico en cuestión es la tendencia a la selectividad con respecto al sexo opuesto, de la hembra humana, cuando supera el cuarto de siglo en estado de soltería. Cuando se refieren a este sector de la sociedad, algunas señoras, y porque no también algunos señores, sacan la arbitraria conclusión de que dichas féminas han llegado a ese estado evolutivo sin un compañero “civil”, por tener demasiadas pretensiones a la hora de elegir.





Ahora bien; En primer lugar: no está comprobada, bajo ningún punto de vista, la verdadera posibilidad de “Elegir”. En todo caso, se puede hablar de una situación de evaluación de alternativas basada en la especulación por proyección al futuro. Sí, suena frío y calculador … A los 15 años. Pasados los 25 es todo un ejercicio, similar a elegir una carrera universitaria o estudiar la posibilidad de un nuevo puesto de trabajo. Y no es que la decisión se base en una intención de encontrar el “compañero para toda la vida”. La realidad es que acostumbrarse a una pareja a esas alturas es tan agotador que la persona ya piensa seriamente en establecerse o, por el contrario, se hace cargo por completo de que ya no le viene nada bien.

Lógicamente no puede hablarse del tema ignorando a los venturosos que, aún habiendo atravesado ya este período, han sido agraciados y favorecidos con la mágica intervención de Cupido. Existen varias teorías al respecto. Los propios protagonistas van a intentar evangelizar al resto con argumentos tan ficticios y poco probables como: “Ya vas a ver. Cuando te llega, te llega y no te vas a dar cuenta”; “Hay un ser especial para cada uno. Ya vas a encontrar tu mitad. Te está esperando en algún lado”; “Mirame a mi!!!, yo pensaba que no me iba a enamorar nunca!!”. Y se los escucha, y se los mira con recelo, pero en el fondo secretamente alimentan las esperanzas. Entonces, alguna “selectiva”, en alguna primera cita, en cualquier rincón del planeta, va a recordar algún ejemplo de estos, y va a encarar con mejores perspectivas la nueva aventura.


Carmela

miércoles, 17 de septiembre de 2008

¿El amor no tiene edad?


Hace unos meses, la noticia en el periódico y en los noticiarios era que Adelfa de 82 años se casaba por amor con Reinaldo de 24. Obviamente que mucha gente lo primero que pensó fue que allí lo que menos había entre esos dos era amor, o por lo menos de parte de él. Y sí, la doña estaba llena de dinero y con una pata en el más allá.

Estamos acostumbrados a ver que un hombre se case con mujeres muchos años menor que ellos. Es algo socialmente aceptado desde hace siglos. Nadie creería que allí no hay amor, porque se supone que el hombre es capaz de defenderse de las garras de una mujer ambiciosa (a menos, claro está, que el hombre esté a punto de ir a visitar a San Pedro por tiempo indefinido).

Con esto de la liberación femenina, está empezando a verse más seguido mujeres con hombres muchos años menores que ellas. Es raro verlo, pero existe. Obviamente que las mujeres más vanguardistas las encontramos en Hollywood. La primera pareja que surgió en el mundo de las estrellas es la de Susan Sarandon y Tim Robbins, donde ella le lleva 15 años a él y tienen una relación bien consolidada (algo muy raro de ver en ese mundillo). Luego aparecieron otras parejas como Diane Keaton y Keanu Reeves (19 años de diferencia), Cameron Díaz y Justin Timberlake (10 años), Madonna y Guy Richie (10 años) y la más conocida por todos: Demi Moore y Ashton Kutcher (15 años).

Si entramos a hurgar en el pasado, un referente de la literatura latinoamericana también fue flechado por una mujer 20 años mayor que él: Pablo Neruda y Delia del Carril.

Claro que estos nuevos tipos de vínculos ya están plasmados en celuloide. Para ejemplos tenemos cintas como Somthing’s Gotta Give y Prime. En la primera vemos cómo una mujer madura toma como algo absolutamente normal estar con alguien mucho menor que ella para luego enamorarse de un hombre más acorde a su edad. La segunda plantea más la realidad; una mujer recientemente divorciada que se enamora de un chico 14 años menor que ella con el plus de que es hijo de su terapeuta.

¿Por qué nos cuesta como sociedad ver este tipo de relación como algo normal? ¿Por qué las mujeres buscan hombres más jóvenes y los jóvenes, mujeres más grandes?

Automáticamente, cuando vemos que un hombre se fija en una mujer mayor que él, lo primero que pensamos es que lo atrae ese mito de mujer experimentada, especialmente en el sexo, más que en el amor en sí. Y que el caprichito se le pasará ni bien conozca a alguien menor que él que reúna todos los requisitos que este muchacho busca. ¿De verdad es así? ¿De verdad un hombre joven no puede simplemente enamorarse de una mujer sin importar la edad que tenga?

Muchos jóvenes buscan mujeres mayores no sólo por la experiencia, sino porque son más maduras y liberales en muchos aspectos, a diferencia de las muchachas de su edad (o menores). Una mujer más grande no se anda con vueltas a la hora del sexo. Una mujer más grande, se supone, no hace berrinche por cualquier estupidez. Una mujer más grande no suele ser dependiente de su pareja, tiene demasiado con su propia vida como para vivir la de otro. Y hasta hay quienes las buscan porque los hacen crecer en todos los sentidos: emocional, profesional y económicamente.

Pero, ¿qué hace que ellos nos atraigan? Por un lado, tienen esa inocencia que el hombre cercano (o que pasó los 30) ha perdido. Se basan en el romanticismo para conquistar a una mujer, son caballerosos, tiernos, respetuosos y con mucha energía (ustedes saben de qué hablo). Digamos que todo lo que hemos buscado siempre, con el plus de hacernos sentir tan sexy como una quinceañera. Algo también tendrá que ver lo que muchos tildan como “instinto maternal”. ¿Será que lo que buscamos en realidad es alguien de quién ser madre y no de quién enamorarnos?

Quizás la forma en que abordan los jóvenes a esa mujer mayor que ellos es más elaborada, pensada y meticulosamente revisada que la que utilizan con alguien de su edad, porque no quieren pasar como niñitos ante la mirada de ella. Una mujer más grande busca un hombre maduro, con los pies sobre la tierra y con las ideas claras. Y esto los jóvenes lo saben, por lo que la táctica de galanteo es completamente diferente. Hasta podría decirse que es necesario (pero no excluyente) tener determinado nivel adquisitivo, ya que para un hombre es importante no sentirse menos que la mujer.

Creo que aún hay muchos que estamos haciendo apuestas de cuánto más irá a durar la relación de Demi con Ashton. Simplemente porque ella ya ha vivido etapas por las que él aún debe pasar. ¿Qué pasará el día que él quiera un hijo de ella? Ok, son estrellas de Hollywood y para ellos todo es posible. Pero trasladémoslo a una pareja no tan famosa ni con tanto dinero. ¿Será que una mujer renunciaría a su deseo de ser madre para que su joven pareja no queme etapas y pueda seguir saliendo con sus amigos porque eso es lo que se supone que hace a esa edad? ¿Él querrá renunciar a todo lo que la vida le ofrece experimentar sólo para armar una familia con ella? Esas son las grandes dudas que se plantean y que es imposible no cuestionarse cuando la relación llega a determinado punto sin retorno. Casi una cuestión de “me sacrifico porque te amo”. ¿Acaso el amor lleva implícito cierta cuota de sacrificios y renuncias?

Como todo en esta vida, es algo que debe experimentarse para dar una opinión del tema. Habrá parejas que sepan cómo resolver estos y otros dilemas y llevar una vida absolutamente normal como cualquier otra relación. Al final de cuentas, encontrar a ese otro que tanto buscamos no es una tarea fácil. Y quizás la cara de ese amor que tanto buscamos, no tenga tantas arrugas como la nuestra.

Guri.

Artículo publicado originalmente en Siriusfem, Febrero del 2008