
Desde los albores se nos ha dado el mote de Brujas, incluso en la edad media se las perseguía e incineraba vivas, con el correr de los tiempos su definición fue mutando y se volvió mucho más amplia, donde encontramos categorías como: la bruja de la jefa, la bruja de mi suegra, la bruja de tu esposa y la lista es larga.
Pero a lo que quiero abocarme es al lado mágico, las pociones, hechizos, tarot, cábalas, etc.
Con el feminismo y la búsqueda de la igualdad las mujeres nos volvimos mucho más prácticas y escépticas en muchas cosas, y es que el movimiento irrefrenable y vertiginoso de nuestras vidas no nos deja otra opción, hasta en las relaciones con los hombres hemos tratado de emularlos, convirtiéndonos en Bárbara Novak y Abajo el amor.
Sin embargo pareciera ser que esa chispa del ocultismo no ha desaparecido y sigue latente dentro nuestro esperando salir, y casi siempre la experimentamos cuando el amor golpea nuestras puertas.
Desde la adolescencia empezamos cuando un número significa algo, tropezarte es que piensa en vos, las predicciones zodiacales son tan vitales como el aire y miles de señales que vamos interpretando de una manera irracional. Luego viene la época del tarot, los caracoles o cualquier otro instrumento que predice el futuro, escupe tu pasado y recrea el presente.
¿Quién no habrá asistido alguna vez a una de estas practicas? Podrán decir que fueron por curiosidad, que no creen en ellos y cuantos pretextos puedan hallar, lo cierto es que en alg
ún momento la desesperación es tal que acudimos a ellos, para preguntarles: ¿Me ama? ¿Se va a casar conmigo? ¿Tiene otra? O encontrar una pócima con el fin retener el amor de un hombre, sin olvidarnos que somos brujas y que un buen porcentaje de las veces es para vengarnos con algún hechizo.
Y luego de eso es que caemos en las bajezas y ridiculeces, como escribir en la planta de los pies el nombre de la persona a quien queremos pisotear, bañarse en canela para atraerlo, mezclar miel, canela y un papel con su nombre, revolver y nombrarlo una y otra vez para hacer que vuelva, y quien sabe cuántas cosas más, que quizás hayan sido efectivas.
La verdad es que soy muy incrédula, pero todas lo somos hasta que el desasosiego nos toca.
A vos, ¿ya te tocó?
Lincy Lu

