



Ahora sí empezó el otoño. Está fresco y dan ganas de meterse para adentro. Preparé café y me tenté con una medialuna. Una sola, compré expresamente una sola, si compro seis me las como todas. Pero odio sentir que el jean aprieta y tener que soltarme un botón –bueno, siempre me suelto el maldito botón cuando estoy escribiendo.
Otra cosa que tiene el otoño son las vidrieras. Vi unas botas altas que me encantaron, ya pasé tres veces por la vidriera, la próxima me las compro.
Desde chica aprendí que no podía comer todo lo que quería, ni comprarme todo lo que me gusta. Pero otros aspectos de la privación los estoy aprendiendo de grande.
Cuando hice análisis aprendí a callarme, bah, al menos la teoría. De verdad lo intento, hay muchos que no me creen, ¡pero hago un esfuerzo enorme! Es difícil no hablar de más. Ahora con los MSN, SMS, Facebook y toda la tecnología, ¡es tan tentador! En cualquier momento, en cualquier lugar, un saludo, una frase simpática… Sólo me arrepiento cuando no me contestan.
Realmente admiro a las personas moderadas por naturaleza. A mí se me nota que me cuesta. Cuando quiero saber algo tengo que preguntar, cuando algo me gusta lo quiero tocar, o comer (o las dos cosas). Cuando estoy contenta quiero a todo el mundo, cuando estoy triste lloro. Y cuando quiero hablar con alguien, lo llamo. Así me va.
Ahora estoy intentando aprender que privarse es una forma de demorar el placer. De algún modo siempre lo supe (comer chocolate amargo despacio, hasta que se derrite solo en la lengua…) pero no era suficiente.
Jugar a la privación, gozar de la privación, mantener la incertidumbre: ese es el desafío del momento. ¿Será que aprenderé a jugar a esto? ¿O estoy sólo tratando de adaptarme a la realidad?
Otra cosa que tiene el otoño son las vidrieras. Vi unas botas altas que me encantaron, ya pasé tres veces por la vidriera, la próxima me las compro.
Desde chica aprendí que no podía comer todo lo que quería, ni comprarme todo lo que me gusta. Pero otros aspectos de la privación los estoy aprendiendo de grande.
Cuando hice análisis aprendí a callarme, bah, al menos la teoría. De verdad lo intento, hay muchos que no me creen, ¡pero hago un esfuerzo enorme! Es difícil no hablar de más. Ahora con los MSN, SMS, Facebook y toda la tecnología, ¡es tan tentador! En cualquier momento, en cualquier lugar, un saludo, una frase simpática… Sólo me arrepiento cuando no me contestan.
Realmente admiro a las personas moderadas por naturaleza. A mí se me nota que me cuesta. Cuando quiero saber algo tengo que preguntar, cuando algo me gusta lo quiero tocar, o comer (o las dos cosas). Cuando estoy contenta quiero a todo el mundo, cuando estoy triste lloro. Y cuando quiero hablar con alguien, lo llamo. Así me va.
Ahora estoy intentando aprender que privarse es una forma de demorar el placer. De algún modo siempre lo supe (comer chocolate amargo despacio, hasta que se derrite solo en la lengua…) pero no era suficiente.
Jugar a la privación, gozar de la privación, mantener la incertidumbre: ese es el desafío del momento. ¿Será que aprenderé a jugar a esto? ¿O estoy sólo tratando de adaptarme a la realidad?
ale be











